La presión barométrica es el primer aviso que recibe un navegante de que el día está a punto de cambiar, y se puede leer desde el timón sin ningún pronóstico. Es el peso de la atmósfera que presiona sobre tu posición, expresado en milibares o en pulgadas de mercurio.
La tendencia importa mucho más que la lectura. Una presión en descenso suele señalar la llegada de una baja y el tiempo inestable que la acompaña, mientras que una presión en ascenso normalmente significa que las condiciones mejoran y se asientan. Un cambio rápido en cualquiera de los dos sentidos es el que hay que tomarse en serio: una presión que cae deprisa puede indicar que hay tiempo severo cerca, y ese es el momento de acortar la salida en lugar de quedarse mirando cómo se desarrolla.
La presión por sí sola no te dirá la velocidad del viento ni el estado de la mar, así que trátala como una confirmación de lo que el pronóstico ya decía. Cuando el pronóstico anuncia condiciones que empeoran y tu barómetro cae en consonancia, créelo. Cuando los dos discrepan, inclínate por la opción más conservadora y ponte en aguas protegidas mientras todavía puedes elegir.
Los pescadores vigilan la misma tendencia por motivos distintos, ya que el comportamiento alimentario suele cambiar en torno a un cambio de presión, y las horas previas a un frente pueden pescarse de forma muy distinta a las horas posteriores. Lo tratamos en nuestra guía sobre cómo las tendencias de presión afectan a la pesca.