La marejadilla es la condición de mar que arruina más días que el mar grande, porque es lo bastante pequeña como para parecer inofensiva en un pronóstico y lo bastante brava como para hacer miserable la travesía. Son olas cortas y empinadas levantadas por el viento local, a menudo donde ese viento sopla contra la corriente o sobre aguas confinadas.
Lo que hace castigadora a la marejadilla es la separación, no la altura. Las crestas vienen muy juntas, así que el barco no puede subir y asentarse entre ellas, y en cambio cae de una ola directamente contra la cara de la siguiente. Eso son los golpes, los rociones sobre la proa y el martilleo que se transmite por el casco, lo que convierte un pronóstico de dos pies en una travesía lenta y mojada con una tripulación agotada.
La marejadilla es un animal distinto del mar de fondo oceánico, que es suave, ondulante y muy espaciado incluso cuando es grande. Los dos suelen llegar juntos, y un mar de fondo con marejadilla encima es mucho menos cómodo de lo que sería cualquiera de los dos por separado. Las bahías, los estuarios y las aguas cercanas a las bocanas son donde la marejadilla es más común, sobre todo cuando una marea saliente se encuentra con una brisa de mar.
La respuesta práctica suele ser velocidad y ángulo, más que cancelar. Reducir la velocidad evita que la proa salga despedida, y recibir las olas por la amura en vez de tomarlas de frente suaviza los impactos. Comprueba el pronóstico de viento y olas para tus aguas contra la marea antes de salir, porque la peor marejadilla suele ser predecible.